Los grupos de personas LGBTIQ+ en Cuba no luchan específicamente por el matrimonio igualitario, luchan por la dignidad.*

*Fragmentos de las intervenciones de Teresa de Jesús Fernández Gonzáles y Yamila Gonzáles Ferrer en el panel “Comunidad LGBTIQ+ en Cuba. ¿Dónde estamos y a dónde vamos?”, conducido por Kenneth Fowler y transmitido en el canal-emisora colaborativo Malas Compañías, el 16 de mayo de 2021. Esta es la segunda parte de un dossier conformado por las intervenciones de los panelistas. Puede consultar la primera parte “Vivimos en Cuba en una sociedad patriarcal, pero que comienza a dar claros signos de erosión de este sistema de dominación”.

Kenneth: Ahora voy a pasar a la siguiente pregunta, quisiera escuchar a Teresa y a Yamila; luego, cuando ellas terminen, vamos a tener un espacio para que el público pueda participar, quizás podamos tener tres o cuatro intervenciones en aras del tiempo. Entonces, Teresa y Yamila, el matrimonio igualitario se ha instituido como una especie de centro de gravedad alrededor del cual versan una gran mayoría de los debates, de las demandas, de las propuestas, de las discusiones, pero yo quería preguntar: en el tema que nos ocupa, ¿termina la lucha con la concreción del matrimonio igualitario? Ahora quisiera escucharlas.

Teresa: Como Yamila se va a expresar seguramente desde la jurisdicción, yo voy a hablar como activista. Mira, el problema ya ni siquiera es si me puedo casar o no, y por supuesto que la lucha sería banal si esperamos y si buscamos solamente podernos casar o no casarnos. Yo creo que la lucha está en que cada uno de nosotros tiene que aspirar a ser ciudadano de primera categoría, que cada uno de nosotros tiene que lograr que cuando se hable de ciudadanía cubana, nosotras y nosotros sintamos que efectivamente estamos incluidos, que efectivamente gozamos de equidad, que efectivamente no nos vamos a enfrentar a descalificaciones, no nos vamos a enfrentar a estigmas, a discriminaciones, no nos vamos a enfrentar a vacíos legislativos, donde, por ejemplo, estudien cuáles son nuestras enfermedades, cuáles son nuestras vivencias, cuáles son nuestros padecimientos y de dónde salen.

Hay una cosa muy importante, que aprendí por supuesto en los talleres del activismo con la Dra. Ada Alfonso, que son los condicionantes sociales de la salud. Para nada es importante, independientemente de lo importante que sea gozar de un sistema de salud universal, pero para nada vale ese sistema de salud universal si tú no tienes en cuenta que hay otras cosas que te enferman y que no es solo si te enfermaste de sarampión, paperas o un cáncer. Y es que no gozas de una salud armoniosa porque vives bajo presiones que las personas heterosexuales, por ejemplo, no viven, porque ya nacen per se con derechos plenos de ciudadanía.

Entonces el matrimonio [igualitario], independientemente de los que queramos casarnos o no casarnos, viene a representar uno de esos tantos vacíos, una de esas tantas impedimentas de gozar de derechos. Sobre todo, porque el matrimonio realmente es un convenio, un convenio económico, pero un convenio que garantiza patrimonio y que garantiza legitimidad.

Y, realmente, yo creo que el movimiento o la población o los grupos de personas LGBTIQ+ en Cuba no estamos luchando específicamente por el matrimonio [igualitario], estamos luchando por la dignidad, estamos luchando realmente por ver realizadas todas nuestras posibilidades de dignidad plena, en las escuelas, en los trabajos, en los lugares de diversión, en las casas, en la familia, ante la policía, ante cualquier institución; sentir que no tenemos ni que escondernos, ni que angustiarnos, ni dar un plus para que se nos perdone, o sea, se nos acepte por nuestras orientaciones sexuales o por nuestras identidades y expresiones de género.

Lo que pasa es que, claro, también se aboga por que nuestras familias y nuestras relaciones gocen de todo el reconocimiento, de la legitimidad y la garantía que necesitan y, visto que existe ese contrato social, jurídico, cultural e histórico que se llama matrimonio, ¿por qué no? Pero, por supuesto, sería una banalidad enorme si el activismo y si las luchas de la población LGBTIQ+ en Cuba terminaran con la aprobación del matrimonio [igualitario].

Yamila: Yo por supuesto estoy de acuerdo con lo que ha planteado Teresa. Yo creo que tenemos un marco jurídico que tiene como referente a nuestra Constitución, en donde ya hay una expresión directa, una voluntad política plasmada de no discriminación, de igualdad efectiva, esa igualdad efectiva -que siempre digo que hay que verla en toda su dimensión- que incluye la igualdad formal, pero que incluye la valoración de la diferencia en tanto todas las situaciones vinculadas a la interseccionalidad, es decir, a esas otras cuestiones por las que se nos discrimina a las personas y que van unidas entre sí. Está el elemento de la equidad, es decir, de los impulsos que es necesarios realizar y que se expresan a través de las políticas públicas, de las normas jurídicas, precisamente para todas esas personas que han sido históricamente vulnerables, que realmente se logre ese estado de igualdad efectiva y la igualdad real.

Por lo tanto, la expresión de nuestra Constitución en este sentido, el propio Artículo 42 de la Constitución, que ya identifica y visualiza la no discriminación por orientación sexual e identidad de género, definitivamente, además de expresar esa voluntad política, pone la vara muy alta para el desarrollo, no solo del Código de Las Familias, sino de todas las normas jurídicas. Pero eso, como bien decía Teresa, no queda ahí, porque todavía quedará mucho tiempo en que haya un marco muy relacionado con la subjetividad, que, aun cuando tengamos esas normas jurídicas, se seguirán [observando] de una u otra forma expresiones de discriminación indirecta que, aunque no pretendan directamente ser discriminatorias, en la práctica, lo van a ser porque están atravesadas por estereotipos y por los prejuicios, y ahí está involucrada la población en general, los profesionales de cualquier rama… en fin, es un tema sobre el que vamos a tener que trabajar muchísimo más.

Todavía decimos “¿cuántas expresiones de discriminación existen en cuestiones que pudiera parecer que están superadas en la realidad y no es así?” Porque el sistema patriarcal es muy fuerte y porque todavía las estructuras están muy permeadas del mismo. Por lo tanto, pienso que la labor educativa que nos queda por delante, la labor de exigir y de denunciar las situaciones de discriminación que se puedan presentar en cualquier ámbito, será por supuesto, un reto muy importante para el que todas y todos tenemos que estar preparados hacia el futuro.

No cabe duda de que el hecho de contar con normas jurídicas que brinden las garantías necesarias, nos permite ejercer los derechos y, cuando estos están vulnerados, accionar, que es algo que realmente ahora no lo tenemos en muchos ámbitos. Por ejemplo: ¿cuántas situaciones de parejas homoafectivas hay que, ante separaciones o muertes, se han visto imposibilitadas del ejercicio de sus derechos?

Eso realmente es algo muy lamentable y esa sociedad de justicia social, la que aspiramos perfeccionar y la que estamos construyendo todos los días, no puede permitirse que haya personas, como decimos, “más iguales que otras” y que por una condición humana puedan ver impedido el ejercicio de sus derechos. Pero, bueno, realmente son los retos que tenemos hacia adelante, ahora, en lo inmediato, en el ámbito de las transformaciones legislativas, pero en lo sucesivo [ininteligible] para modificar poco a poco e ir cambiando esa subjetividad y que haya realmente un ejercicio de los derechos plenos.

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